De los pocos lugares paradisíacos que nos quedan en el mundo, el más representativo es la cuenca del río Amazonas, que cruza de un extremo a otro la parte septentrional de Sudamérica. En este río, donde parece no haber llegado la mano del hombre, sobreviven muchas leyendas inexplicables para la ciencia, ya que es el más largo, caudaloso y el que tiene la cuenca de mayor superficie de nuestro planeta; 6.800 kilómetros.
El río Amazonas nace en los Andes del sur del Perú y atraviesa Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Guyana Francesa y Surinam, transportando más agua que el Misisipi, el Nilo y el Yangtze juntos. El volumen de agua llevado hacia el Atlántico es enorme: un promedio anual de 230.000 m³/s y alcanza hasta 300.000 m³/s en la temporada lluviosa. En efecto, el Amazonas es responsable de la quinta parte de toda el agua dulce incorporada a los océanos de la Tierra.
Su desembocadura supera los 400 km de longitud, su ancho varía entre uno y 56 km, su profundidad es mayor a los 45 metros (91 metros cerca de la desembocadura), descarga unos 40.000 galones por segundo en el océano Atlántico, posee unos 24.000 km de superficie navegable y se estima que la Selva Amazónica es la selva tropical más antigua del mundo; quizás tanto como 100 millones de años. Sus variadas características hacen que este río, que desde el aire se percibe como una enorme anaconda que atraviesa la Selva Tropical, sea considerado como una de las maravillas naturales del mundo.
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